ELEARNING O SUPERVIVENCIA DIGITAL

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Mi nombre es Carlos E. Rodríguez, este año cumplo 54 años, hace 20 años incursiono y me especializo en elearning. Soy Licenciado en Educación (UNSAM) y tengo un sitio propio de desarrollo de elearning (Redubicua.com). También trabajo en el Ministerio de Educación (CABA) en un área llamada INTEC (incorporación de tecnologías), me desempeño en escuelas (actualmente primarias), como Facilitador Pedagógico Digital, cuatro días a la semana. Todo esto viene a cuenta de que “Soy un Híbrido”, una pata en el elearning y otra en la educación presencial, incorporando allí el uso de “nuevas” tecnologías digitales en las clases de cada día. Y de repente llegó el COVID-19, la cuarentena obligada en educación presencial y lo que todos conocemos sobradamente. 

Se escuchan algunas voces diciendo: Este es el sueño dorado del elearning, ahora se abrirán muchas oportunidades de negocios y el rubro crecerá fuertemente. Permítanme dudar de esas expresiones. Otros prometen “convertir su institución en una escuela online en 24/48 hs.”, permítanme dudar aún más de esas promesas. Lo voy a decir fuerte y claro: Lo que se está haciendo frente a la contingencia NO ES ELEARNING ES SUPERVIVENCIA DIGITAL. 

Maestros/as y profesores/as de todos los niveles y disciplinas de repente, se vieron “obligados” por la extensión de un virus a “mudarse al mundo digital”. Sin escalas, sin preavisos, sin preparación (en la mayoría de los casos) y sin mucho apoyo. Hacer elearning implica prepararse en primer lugar, desarrollar e implementar software y hardware, acorde al contexto y disciplina que se quiera desarrollar. Analizar, investigar, probar, implementar, ajustar, revisar y volver a comenzar. Es como construir un edificio de 20/30/40 pisos. Hay un ejército de personas y maquinarias, desconocidas para el común de la gente, con estrategias, formación y materiales específicos. Que hacen que ese edificio luego permanezca en pie, al menos esa es la idea. Es como si de repente yo juntara gente de “buena voluntad”, algunas máquinas, materiales y nos pusiéramos a querer levantar ese edificio, sin ningún conocimiento específico o estudio previo. Lo más probable es que se venga abajo en cualquier momento. 

Y acá estamos, con una cuarentena con final incierto y con salida incierta. En algún momento termina pero no sabemos (nadie sabe) ni cuándo ni cómo. Y que hacemos en el “mientras tanto…”. Hacemos SUPERVIVENCIA. Con los elementos que tenemos (hardware-software-internet), en las condiciones que estemos (domicilios particulares no pensados para esto, en la mayoría de los casos), y con la poca, regular o mucha preparación que tengamos. Permítanme decirles que tampoco sirven los “gurús” en este tiempo, es como si tenemos un accidente en la calle y alguien viene a darnos un curso de “primeros auxilios”, le diríamos: “Vení y ponete a ayudar, ahora no necesitamos el curso de primeros auxilios”, ¿verdad? Obvio que todo el conocimiento aplicable a la situación, es valiosísimo, siguiendo el ejemplo: tenemos más probabilidades de sobrevivir si hay cerca un médico que nos ayuda, que si no lo hay. Pero ese médico tiene que tener la disposición y la actitud de ayuda y de hacer primeros auxilios. Los médicos en general están muy preparados para esto, y saben hasta donde intervenir y derivar el caso, ningún médico se pondría a hacer una operación en la calle, sino simplemente a contener una hemorragia o mantener a alguien vivo con masaje cardíaco. 

Hay quien piensa, y así lo dice: “Que la escuela sigue, y seguimos educando”. Permítanme decirles también, a riesgo de ser repetitivo, que “estamos haciendo supervivencia”. Seguramente vendrá “el aprobado general”, ya se está hablando de “evaluar con conceptos”, y de recuperar “cuando volvamos a las aulas” lo que quedó en el camino. No se aprende “por decreto” y que alguien pase de grado/año no significa que haya aprendido un contenido. Quizás a la educación superior la encuentre un poco mejor parada la virtualidad, pero aun así hay contenidos que requieren “si o si” de un híbrido, lo que se conoce como blended-learning. Por ejemplo puedo perfeccionar mi técnica de natación, con consejos, videos o charlas con especialistas, pero si nunca aprendí a nadar, y solo vi videos, cuando me tire al agua lo más probable es que alguien me tenga que sacar, antes de que me ahogue. Y los/las docentes tienen (tenemos) muy incorporado algo que se conoce como: “Pensamiento Práctico”. El docente tiene que resolver, siempre. Y en general en condiciones de relativa autonomía o soledad, por lo que desarrolla esta habilidad tan particular. Plan A / B / C / D y seguiríamos. Y en este caso, tan particular, se aplica a ultranza. Estrategias, herramientas, tiempos, saberes, se comparten (en general) y se aplican sin demasiado análisis o detalle, y vamos viendo como resulta. 

¿Puede ser peligroso? Y sí, pero no hay demasiadas alternativas. Se generan innumerables roces, desentendimientos y conflictos, pero también en ese terreno los docentes están bastante entrenados, lo cual no significa que a veces no sea desgastante. Pero como siempre, en la docencia, la devolución del que aprende, es una recompensa infinita. Me quedo con una expresión de una nena de 2do grado, en una de las escuelas, cuando estábamos haciendo el primer ZOOM (video-conferencia) con la maestra y sus compañeritos, después de haber sorteado todas las reticencias y con todos los cuidados del caso. Simplemente ESCRIBE en el chat (lo que no es un detalle menor para un segundo grado) “Me hace muy feliz esta reunión”!!! Eso justifica todo el esfuerzo, el trabajo, y además revalida la tarea docente invaluable y tan necesaria, y ese encuentro con el otro, que en definitiva nos convierte en más humanos. C.R.

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